Serenata del 3 de enero de 2009

Cartas - Letters, Narrativa - Narrative, Serenatas

Las olas crepitan en el fuego de un océano encendido sin pasión pero con descaro.

Imagino el sonido de la espuma al llegar a la playa y la brisa helada de enero buscando refugio entre la arena intacta y desierta, apenas alguna roca o concha, apenas alguna huella inoportuna. Puedo, si me lo propongo, escuchar el susurro del mar rasgando infinitamente las costas de tierra y hasta aquí llegan su lamento y su denuncia y te nombran las algas flotantes. Tengo en la boca un dulce sabor salado, y parece reírse mi paladar condescendiente. Advierto la sonrisa de mi rostro que me recuerda que esto ya lo he vivido y también entonces supo a poco. Casi puedo rozar con la punta de los dedos las gotas que salpican si me baño en tu primera imagen y ese beso se proyecta a cientos de kilómetros que no puedo recorrer. He olvidado tu rostro, la noche embriagadora, las luces encendidas.

Y hoy, agotados con otros hombres el disfrute y sollozo, te pienso absurdamente sabiendo que la tierra no se te ha tragado. Escucho tu triste rompeolas en algún lugar lejano y yo también rompo contra las rocas con el oleaje escandaloso de quienes están a punto de darse por vencidos o muertos.

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