Estimada Emilia – Carta a una vieja amistad

Cartas - Letters

Estimada Emilia,

Nuestra amistad se forja a base de contradicciones, soy consciente de ello. No puedo, sin embargo, evitar preguntarme si no es ése, precisamente, el sustento real de la reciprocidad con la que nos tratamos, si no son las diferencias las que no obligan a ponernos en contacto con nosotros mismos a través de disensiones ajenas. Como sabe, lo contrario y lo opuesto no son de necesidad lo mismo.

He sabido de su rígida opinión acerca de la cotidianeidad de los días pero también de su mirada a la monarquía, la capilla y la voluntad femenina. Sepa usted que no tengo intención alguna de hacer que cambie su posición. Este acercamiento hacia su estimación del mundo actual, contraria a la mía hasta límites que harían dudar de los motivos de nuestro mutuo afecto, como ya acertase a decirme en una ocasión, supone, o esa es mi pretensión, un afianzamiento de mis propias constantes que cada tanto deben ser enjuiciadas por mí misma a través de otros ojos, confiando en que pasen la prueba del tiempo. Es pues el motivo de escribirle un acto egoísta en esencia, pero no dude por ello que escucho con atención sus motivos y trato de entender lo que de ellos se desprende con el máximo respeto.

Confío en que algún día, puede que no tan lejano, comprenda que el pasado y el futuro se forjan de igual manera, con la entereza de los vencidos e incomprendidos, de los que se consideraron entonces locos y visionarios a destiempo. Sólo así cambian las leyes que dignifican eso que llaman “patria” los que no la inventaron.

Ansío su respuesta. Acordará conmigo en que se aprende más de los contrarios. Adversarias dialécticas y espirituales. Hermanas a una carta de distancia y en la comprensión de que la otra es alguien más que lo que es para una misma. Es otra, es ella. Usted es usted, como yo soy yo, y en ello encuentro cierto equilibrio incluso cuando el desasosiego asoma tras la confirmación de su conservadurismo y la ausencia de mi propia fe.

Aquí me despido como otras veces. Le dejo mi lealtad a su propia reflexión, por si pudiera necesitarla en los fríos días venideros.

Con gratitud y cariño,

Clara


Escrita a Martina, mi ficticia Emilia, con fecha de 9 de octubre de 2014.

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