Cartas a K – Tercera carta

Querido K,

 

No sabría encontrarte aunque quisiera. Las calles han cambiado de nombre y las miradas de dueño. Los viejos mitos se han vuelto inútiles. Y he soñado que salía sin destino y sin origen, como si perteneciera a esas nubes que se dispersan con el paso de los aviones.

Juraría que estuve aquí alguna vez. Las caras me resultan conocidas pero nadie parece recordarme. Puede que sólo sean gente. ¿Qué queda del viejo rincón vacío con la mesa del fondo o del poema que te leí una vez cuando estabas ocupado?

Es el tiempo en que las sombras se alargan como las horas y salen a pasear los que dicen amarse. Y siempre expectante a que vuelva el invierno me compadezco del sol, que sólo sabe del calor ocioso que no respeta sábanas ni ventanas; ése que todos dicen añorar y que a su llegada evitan como se evita el dolor.

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