Hoy y para luegos

Opinión - Opinion, Periodismo - Journalism

Creo que nunca me acostumbraré al tiempo, a ése que se cuenta con relojes y calendarios. Ese tiempo que se ajusta a las convenciones de lo que ha de suceder a una edad concreta, en una época específica, en un instante exacto.

Hoy es un día cualquiera de un agosto cualquiera de un año cualquiera. Y sí, es evidente que hoy ha hecho calor y muchos estarán de vacaciones, y las terrazas de verano habrán subido los precios. Pero hoy podría ser algún día de noviembre, dolerme igualmente la cabeza, tener los mismos sueños, girar el marco de la fotografía de Chaplin que tengo sobre el ordenador para que no quede torcido y que siga torcido como siempre.


Es cierto que los años traen algo a veces más allá de la responsabilidad de facturas y tarjetas de crédito, y de ese extraño comedimiento enmascarado de educación. A veces puede uno sonreírse intercambiando prioridades con su ‘yo’ pasado, intentando recordar lo que era entonces importante y humillando un poco al pobre yo distante y distraído, inexperto en todo, desde nuestro púlpito de petulante comprensión madura. También es posible que el alguien que seremos en un futuro, si llegamos a serlo, sienta algo por quienes somos hoy. ¿Nostalgia? ¿Vergüenza? ¿Comprensión?. Tal vez un poco de todo.
Por eso no me gustan los avances, esos días señalados en el índice de la agenda. Me recuerdan que para entonces, para una determinada fecha, tendré que haber previsto o aprendido algo. Así, con caduca alevosía. Una vida dividida en períodos de tiempo, como la vida de los yogures. Porque aunque todos somos caducos y la idea de la muerte siempre me ronda y sorprende, no puedo existir a base de pensar en mañanas a las que la realidad intenta obligarnos. Juramentos de amor eterno, pagarés a gran escala, certezas del qué vendrá… este absurdo absolutismo temporal.


No puedo vivir en para luegos. Por este motivo, creo en mis sueños como realidades que aún no se han desarrollado y han de cumplirse. No me engaño. Evalúo las probabilidades. Pero quienes creemos en el hoy, podemos confirmar una auténtica certeza: el sueño presente existe. Sólo basta con que el tiempo no lo haga más pequeño.

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